Trámites preoperatorios
Salvo excepciones, la edad en la que se indica este tipo de operaciones está incluida entre 16 y 60 años. En la primera entrevista evaluamos si el paciente es un candidato susceptible de beneficiarse de esta cirugía, si padece enfermedades asociadas a su obesidad o cualquier otra circunstancia que pudiera interferir en la intervención. La cirugía bariátrica se considera cirugía mayor de modo que debemos descartar enfermedades que empeoren el pronóstico y reducir al mínimo los riesgos. Para ello el paciente es visto y en su caso, tratado por diferentes especialistas: cardiólogo, neumólogo, psiquiatra y endocrinólogo.
Rutinariamente debe realizarse las siguientes exploraciones y pruebas analíticas:
- Hemograma que incluya coagulación, glucosa, urea, creatinina, colesterol, proteinas totales, pruebas de la función hepática y tiroidea, sodio, potasio, calcio, hierro y opcionalmente algunas otras más como puede ser la serología de las hepatitis.
- Bioimpedancia para determinar los porcentajes corporales de grasa, agua y masa magra.
- Radiografía de tórax y pruebas de la función respiratoria.
- Electrocardiograma.
- Gastroscopia y tránsito radiológico con bario, del esófago, estómago y duodeno para descartar enfermedades o alteraciones anatómicas en el estómago.
- Ecografía abdominal para descartar litiasis (cálculos) en la vesícula biliar que con frecuencia acompaña a la obesidad.
Aconsejamos, con ánimo de hacer menos complicada la operación, que el paciente, dos a cuatro semanas antes de la intervención no coma alimentos ricos en grasas ni en fibras. La víspera, se aplicará un enema de limpieza del colon; este día la cena será ligera, preferiblemente líquida.
El paciente ingresa en la clínica el mismo día de la operación, en ayunas y aportando todas las pruebas analíticas efectuadas así como el consentimiento informado para ser intervenido. Tras cumplimentar los trámites en la Admisión de Pacientes se le indica la habitación que le corresponde. En ella será visitado por algún miembro del equipo médico y se le administrará la medicación prevista para la prevención (profilaxis) tromboembólica, infecciosa y ulcerosa. Si el paciente lo solicita, de víspera se le habrá prescrito algún tranquilizante para que llegue relajado al quirófano.
La intervención
Si todo discurre normalmente, el paciente permanece anestesiado algo más de tres horas y el acto quirúrgico propiamente dicho dura alrededor de dos horas y media. Finalizado éste, el paciente pasa a la unidad de recuperación postanestésica (URPA) donde permanecedos o tres horas. Después se le lleva a su habitación. Si precisa de un aparato respirador es trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
Normalmente sale del quirófano con un catéter (es un tubo de material plástico introducido en una vena) en el cuello, a través del cual se le inyectan sueros y medicamentos. A veces se les coloca también una sonda (otro tubo plástico, más grueso que el anterior) enla vejiga urinaria para vaciar y controlar el volumen de la orina y que habitualmente se retira al día siguiente; también una mascarilla o “gafas” nasales para administrarle oxígeno durante las primeras 24 horas.
El paciente observará que del abdomen le sale un tubo: se trata de un drenaje para evacuar los líquidos y secreciones que se producen dentro de la cavidad abdominal y que solemos retirar al tercer día.
El posoperatorio
Es conveniente que el paciente se levante desde el primer día: con ello los músculos se contraen lo que contribuye a vaciar las venas y a prevenir la formación de coágulos. Cuando se levante por primera vez lo hará con la ayuda de la enfermera; y puede también utilizar una faja, cuyo modelo se le indicará oportunamente. Pero lo más importante son los ejercicios respiratorios en los que la contribución del paciente tiene importancia capital: debe toser con la mayor eficacia posible para evitar el colapso respiratorio (atelectasia) y prevenir la neumonía.
Durante las primeras horas del postoperatorio notará dolor abdominal difuso y si la intervención se efectuó por vía laparoscópica puede sentirlo en el hombro izquierdo: se le administrarán calmantes cada tres o cuatro horas, a la demanda del paciente.
La alimentación se reanuda el segundo o tercer día comenzando con líquidos en cantidad que se incrementa paulatinamente. Es en esta fase cuando se retiran los drenajes y los sueros y se autoriza al paciente a ir a su domicilio.
Prescripciones al alta hospitalaria
Al abandonar la clínica se le entregan informes clínicos, esquemas de la operación, normas dietéticas personalizadas y teléfonos de contacto para caso de urgencia.
Los puntos de la piel se quitan al 10º o 14º día. Durante este período se inyectará diariamente y a la misma hora la dosis de heparina de bajo peso molecular que se le prescriba. También se le indican las vitaminas, protectores gástricosy analgésicos que deba tomar.
Los alimentos durante las primeras 9 semanas serán en forma de puré, los tomará lentamente utilizando cucharilla de postre, templados y dejando de comer cuando se sienta lleno, procurando no beber líquidos 15 minutos antes y 15 después de cada comida. Debe tener en cuenta que durante las primeras semanas son más importantes los líquidos que los alimentos sólidos.
Las grasas debe evitarse y los lácteos pueden provocar flatulencia en algunas personas.
También se evitarán las bebidas gaseosas y la cafeína pues dificultan la absorción del hierro y del calcio.
El objetivo es alcanzar una dieta equilibrada, rica en proteinas, variada y sin excesos.
Duración de la convalecencia
Es diferente de un paciente a otro, dependiendo de la técnica quirúrgica empleada, que se haga por “vía abierta” o laparoscópica. Puede variar de 2 a 6 semanas,según la evolución y la colaboración de cada uno.
Información concerniente al período de convalecencia
Durante el primer mes que sigue a la cirugía el paciente puede presentar algunas dificultades tales como:
Dolores abdominales: durante los primeros 4 días puede notar dolor abdominal no muy intenso, similar al que notaba en la clínica y cede con la toma de analgésicos 3 o 4 veces al día. Si duran más tiempo o aumentan en vez de disminuir o aparecen de modo súbito deberá acudir de forma urgente a su cirujano.
Dolor imprevisible: Si aparece dolor torácico súbito puede ser indicativo de embolia pulmonar y más si va precedido de flebitis que se suele manifestar por dolor persistente y progresivo en la pantorrilla e hinchazón del tobillo. Esto es motivo de consulta urgente con el cardiólogo y en todo caso con el médico de familia.
Infección de la herida: Se manifiesta en forma de dolor sobre la herida, enrojecimiento y probablemente salida espontánea de líquido amarillento a través de la herida. Se suele acompañar también de fiebre y el paciente deberá acudir a su cirujano.
Intolerancia a algunos alimentos: Se deben evitar los alimentos difíciles de digerir. Si puede ingerir alimentos líquidos, no supone ningún problema, pero si tampoco los tolera de esta forma, tiene que acudir al cirujano.
Vómitos: Es posible vomitar a veces, es decir, menos de una vez por semana durante la convalecencia. Sin embargo, si impiden la toma de líquidos y duran más de dos días debe acudir a su cirujano. Habitualmente son debidos a que el paciente come muy deprisa, o más de lo que cabe en su estómago (reservorio). A veces se acompañan de dolor en un punto entre el ombligo y el esternón (“en la boca del estómago”) y suelen aparecer porque algún alimento se queda atascado en la salida del reservorio: no deben intentar “bajarlos” bebiendo o comiendo algo que los empuje, sino esperar.
Dificultad para ingerir complejos vitamínicos: Algunos son difíciles de tragar: se pueden tomar chupados, o diluidos en agua. Otros como el hierro provocan estreñimiento y eso hay que tenerlo presente.
Regurgitaciones: Pueden suceder durante las primeras semanas con sensación de que los alimentos ascienden por el esófago. Se debe a que el estómago tarda en vaciarse. Se evita comiendo más a menudo, en cantidades más pequeñas, disminuyendo los alimentos sólidos y evitando comer antes de acostarse.
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